sábado, 28 de julio de 2018

Homenaje al Dr. Lomo, publicado en "La Medina"


HOMENAJE AL  DR. LOMO GODOY

Sé humano, muy humano, y haz de tu profesión, no un modus  vivendi: sí un culto, un sacerdocio, un apostolado”. Con estas hermosas palabras definía el Dr. Lomo Godoy su profesión de médico, que  apasionadamente ejercía y que  a nadie como a él se le podrían aplicar con más merecimientos tales principios. 

Eduardo Lomo Godoy nace el 13 de diciembre de 1880 en Santa Isabel de las Lajas, provincia de Santa Clara (Cuba), donde  había sido  destinado su padre en 1870; es pues, un criollo, es decir,  un español nacido en una de las colonias americanas,  o sea,  algo así como la mayoría  de nosotros, cambiando América por África.

Domingo Lomo García, padre de Eduardo,  era  un  bizarro mocetón riojano,  que había ingresado  muy joven en el Cuerpo de la Guardia Civil, alcanza   en 1887 el grado de Coronel después de haber sido condecorado  por mérito de guerra con varias cruces y  medallas,   y ese mismo año fue nombrado Alcalde de Matanzas. Con anterioridad  --en 1876—se casa con Cecilia Godoy, hija de un  banquero. A raíz de la pérdida de Cuba  –con Puerto Rico las  dos últimas colonias americanas-- regresa a España.

Eduardo estudia Medicina en  Madrid e ingresa en  la Academia Médico Militar, de Segovia.   Se doctora  como cirujano en Madrid   en el año 1907 y en 1910 contrae matrimonio con  María Fernández de Cañedo y Zorrilla de San Martín, de cuya unión nacen     dos hijos –Luis y Maruja--. Luis estudia  también Medicina y se  especializa  igualmente como cirujano.
                                      
En 1913 un joven teniente de Sanidad Militar se incorpora a la guarnición de Melilla, donde  destaca por su abnegada entrega y  laboriosidad.  Pronto demuestra su sabiduría médica   y   además unas   excelentes dotes organizativas; y  se le encarga la organización de la  Servicios Sanitarios  Civiles de la ya designada  capital del Protectorado: Tetuán. Y el General Gómez-Jordana, Alto Comisario de España en Marruecos, le ofrece la  jefatura de  la Sanidad de Marruecos, que él rechaza, alegando con su habitual modestia: “yo soy un sencillo hombre de quirófano”. Fue el principal promotor y creador del primitivo Dispensario Municipal de la ciudad, que tan  excelentes servicios prestó  a la sociedad tetuaní.

En 1917  fue el encargado de la organización e instalación del Hospital Civil de Tetuán  --–posiblemente su obra más destacada—y  por Orden Ministerial del 29 de septiembre de 1919, en cumplimiento de una Orden Real,  se le nombra:   “…Director del Hospital Civil de Tetuán con tres mil quinientas pesetas de sueldo y otras tres mis quinientas de gratificación anuales…”.
  
Su humanidad y su pasión por la medicina provocan  que su horario de trabajo se prolongue  hasta  bien avanzada  la noche. Es un hombre de una singular simpatía y lleno de humor, que transmitía a los enfermos una fe ilimitada con su simple  presencia.  S e convierte así  en médico de cabecera de innumerables familias españolas, marroquíes e israelitas, y visita diariamente  unos cuarenta enfermos, muchos de ellos sin recursos económicos, y a los que atiende sin cobrar nada,  percibiendo en pago la gratitud o y el cariño de los enfermos,  que él valora y aprecia  más que el dinero.
La esposa del Dr. Lomo, aún joven, padecía de un reumatismo degenerativo incurable y se veía  obligaba a andar con muletas. Él se quejaba amargamente  lamentándose: “He salvado muchas vidas, he curado a miles de enfermos y, sin embargo,  desgraciadamente,  no he podido hacer nada para curar a mi  mujer”.

En 1950,  se jubila  tras cumplir 70 años  de edad, ya Comandante, y después de una fecunda y humanitaria labor  de más de cuarenta años  --treinta de ellos como director del Hospital Civil de Tetuán-- pero   ante la  clamorosa petición popular decide permanecer en su puesto durante tres años más; y  en 1954, a propuesta de la Alta Comisaría, que recogió el deseo unánime de entidades, corporaciones y particulares, el Estado Español    le concede la Medalla de Mérito al Trabajo, cuya presea fue costeada por suscripción popular,   y  al ser  numerosas  las personas con escasos medios económicos  deseosas de  contribuir,  acordaron que la donación máxima fuese de  cinco  pesetas. 

Donaron ricos y pobres, tanto españoles como marroquíes  e israelitas, y se dieron no pocas anécdotas: familias pudientes donaron dicho importe cada uno de sus miembros; otros,  de familia menesterosa, haciendo un esfuerzo económico y profundamente agradecidos se sentían satisfechos donando una  pequeña cantidad.  La medalla le fue impuesta por el Alto Comisario, Teniente-General García-Valiño, seguida de un homenaje con asistencia de  numeroso público, que le expresaron su simpatía, afecto y agradecimiento por la impagable labor que realizó en Tetuán.

Casi a pesar suyo –nunca anheló honores-- en 1930 se le concede la Cruz de Mérito Militar, en 1933 la Medalla Africana, en 1936 Orden de la República, en 1944 Cruz  Caballero de Mérito Civil; y en 1961 ingresa en la Orden de África y en la Orden Civil de Beneficencia, ambas a título póstumo.
Las limitaciones propias del Boletín impide extenderse en el contenido de este homenaje al Dr. Lomo, pero creemos que hay situaciones y anécdotas –su humanitaria  y  hermosa  labor en Marruecos también lo exigen-- que no debemos ni podemos ignorar. Haremos sólo una breve referencia de algunas de ellas.

Alrededor de 1918, el célebre  Raisuli, enfermo de hidropesía, que produce graves trastornos funcionales, encontrándose mal pidió que fuese el Dr. Lomo a atenderlo. Éste fue y como no regresaba, temiendo que hubiera sido secuestrado, fueron a por él. Se lo encontraron tan tranquilo charlando con El Raisuli. Ante el asombro de los “rescatadores”, Don Eduardo les dijo: “Estoy perfectamente, lo que pasa es que con la caza que hay en esta zona si no venís a por mí yo de aquí no me muevo”. La caza era su  otra  gran pasión.

En septiembre de 1920, por orden del Alto Comisario, acompaña a Madrid  a Mohammed Torres,  bajá de Tetuán y destacado político marroquí,   aquejado de fuertes dolores y que iba a ser sometido a una  delicada operación en la capital de España. Y en julio de 1926, tras una complicada operación  quirúrgica al chej de Beni Urriaguel, le extrae un cálculo que pesa 325 gramos, el mayor conocido hasta esa fecha, que es enviado a la Academia de Urología.

En una  entrevista al Dr. Lomo  publicada en el diario “Heraldo de Marruecos” en mayo de 1935 y realizada en el mismo hospital –parte de ella en el mismísimo quirófano—se sorprende el entrevistador de que Dr. Lomo, auxiliado por un solo médico --su hijo Luis, que también es cirujano– y un par de enfermeros como ayudantes   pueda hacer   cuatro operaciones: dos mujeres, de catarata; otra, de un tumor en el hígado; y un hombre marroquí, de hidrocele. Todas ellas fueron realizadas satisfactoriamente y, según informa el periódico, en un tiempo de ¡una hora y catorce minutos. Asombroso.

A pesar de las incontables horas de trabajo que dedica a la Medicina, aún tiene tiempo –diríamos mejor, capacidad de trabajo—para  atender compromisos sociales. Fue  socio fundador del equipo de fútbol “El Español”, que militó en tercera división, participó en la creación  del Atlético Club de Fútbol  de Tetuán y alcanzó la  presidencia  en el año 1933, socio fundador del Casino Español, del que fue Presidente durante décadas hasta su marcha a España. También presidió   la Asociación de Caza. En todos estos cargos, que ejerció simultáneamente, por su  afabilidad y demostrada competencia  consiguió el afecto, simpatía y admiración  de  todos sus socios.

El Hospital Civil de Tetuán,  huérfano de nombre propio y  conocido como hospital español, del que el Dr. Lomo fue uno de sus creadores y su único director hasta su jubilación, bien merecía llevar su nombre; y puesto que conserva la  titularidad española  aún  podría y debería  llevarse a efecto, en reconocimiento a toda una vida de entrega  al servicio de España.

El Dr. Lomo Godoy regresa a Madrid en 1958, donde fallece el 6 de abril de 1961 a los 80 años de edad.  Sus numerosos amigos de  Tetuán lloraron su muerte. Don Eduardo, al terminar este pequeño homenaje permíteme que te tutee y que te llame Don Eduardo como te llamaban cariñosamente tus pacientes, hiciste sobrados méritos para alcanzar la gloria aquí  en la tierra,  y   lo lograste.  Seguro que  cuando  llegaste ahí arriba  con el zurrón repleto de buenas obras  te abrirían las puertas del cielo y estarás gozando de la mejor de las glorias. Aquí también estarás siempre  presente porque  los hombres como tú son inmortales. 

  Julio Liberto Corrales

Fallecimiento del l internacional Lesmes II, que jugó en el Atlético de Tetuán


FALLECE EN VALLADOLID LESMES II

El día 8 del pasado mes de octubre  y a los 85 años de edad  fallecía en la ciudad de Valladolid el histórico futbolista Lesmes II, que militó en las filas del Atlético de Tetuán formando  una mítica e infranqueable defensa  con  Antonio Humanes y Román Matito.

Se llamaba Rafael Lesmes  Boved y había nacido  el 9 de noviembre de 1.926 en Ceuta, donde  jugaba como aficionado en el  Betis de Hadú.  En  1945,  cuando  aún no había cumplido los 19 años,  fichó  como profesional por el Atlético de Tetuán, en cuyo equipo permaneció hasta la temporada 48/49, granjeándose la admiración y simpatía de toda  la afición tetuaní. No llegó a participar de la alegría del ascenso del equipo a primera división, que se produjo   la siguiente temporada.

Desde 1949 hasta 1952 perteneció al Real Valladolid, donde ya jugaba su hermano Paco (Lesmes I) , que también  fue internacional, y a cuyo equipo se enroló en 1951  otro “tetuaní”,  el citado Matito, constituyendo una de las mejores defensa de la primera división española, a la que la afición vallisoletana llamaba  “ la zaga mora”.

En 1.953 ficha por el Real Madrid, donde permanece hasta la temporada 1.962, en la que regresa  al Real Valladolid. Y en 1.962,   a los  35 años, cuelga las botas y se queda en la capital del Pisuerga, donde   vivió  hasta su sentida muerte.

Con el Real Madrid ganó cuatro   Ligas españolas  en los años 1.954,1.055, 1957 y 1.958.  También conquistó  cinco Copas de Europa, además seguidas, desde 1.056 hasta 1.960, un palmaré  del que sólo  pueden presumir  en toda Europa Di Stéfano y Gento, dos auténticas leyendas del fútbol español y mundial,  con los que compartió equipo.   Y tuvo el  honor de vestir   en dos ocasiones la camiseta de la selección española.

Descanse en paz.

Julio Liberto Corrales.

Una visita a Ephesus, Turquía


Exposición de pinturas

En mi estudio de pintura 
Copia de Botero

Copia de Botero
Copia de Claude Monet
Los nenúfares (copia) de C.Monet
Casa rural

Paisaje turco
Copia de "La lechera"
Marina
Exposición  en el Centro de Sta. Hortensia





jueves, 26 de julio de 2018

Artículo sobre José Martí publicado en "La Medina"

JOSE MARTI, EL HEROE DE LA REVOLUCION  CUBANA,  ERA ESPAÑOL

Muchos de vosotros, y me dirijo a todos los españoles  nacidos en Marruecos, al leer el título de este artículo os preguntaréis que qué pinta en la revista “La Medina” una reseña sobre el  impulsor de la independencia de Cuba. Si os dignáis leerlo podréis comprobar que sí tiene mucho que ver en relación  con nuestra identidad española.  

Los nacidos en Marruecos, hijos de padres españoles, éramos inscritos como ciudadano español en el correspondiente  Registro Civil de los Juzgados de Paz del lugar de  su nacimiento.  Nuestro Código Civil, en su artículo 17.1 dice literalmente “Son españoles de origen:       a)  los nacidos de padre o madre españoles”. No añade nada en relación al territorio, es decir, cualquiera que sea el país donde se nazca, siendo hijo de españoles de origen, se obtiene automáticamente la nacionalidad española.  Obviamente, los nacidos en la Zona  de padres marroquíes  eran inscritos en el correspondiente Registro del  Majzén jerifiano como ciudadano  marroquí, y son tan marroquíes como los nacidos antes  o  después de la época  del Protectorado.

Aunque la aclaración que aquí hago sobre nuestra españolidad   no sería necesaria   porque es una obviedad de la que  no creo  dude  ninguno de nuestros paisanos,  sí quiero dejar aquí constancia  para aquéllos, y no son tan pocos,  que cuando le dices que has nacido en 6Marruecos   inquieren,   a modo de  pregunta y afirmación a la vez, “entonces tú eres marroquí” (?)    Precisamente  no sólo nos hemos sentidos siempre muy  españoles sino que además lo llevamos  muy a gala.  Esto no quiere decir, ni mucho menos, que despreciemos la nacionalidad marroquí; en absoluto y nada más lejos de la realidad. Siempre la hemos respetado y la seguimos  respetando. Y  ellos legítimamente, igual que nosotros, se sienten orgullosos de su nacionalidad. De hecho  somos muchos los que aún mantenemos    muy buenos lazos de amistad con  no pocos marroquíes de la Zona Norte. Y una buena prueba de ellos son las excelentes relaciones que “La Medina” mantiene con centros y autoridades marroquíes.

Siendo un niño de corta edad paseaba por la calle de La Luneta  (qué grande me parecía entonces esa calle  y ahora qué pequeña,  parece como si  hubiera encogido,  ¿es que las calles,  como las personas , encogen con la edad?). Iba  acompañado de mi buen amigo Juan García Jiménez, “el Largo”, al que llamábamos así porque era, y afortunadamente sigue siendo, muy alto. Todos teníamos algún alias; a mí, que tengo --tenía-- los ojos achinados,  me llamaban  “Chino”.  Caminábamos hacia  la Plaza de España, seguramente para cometer alguna diablura, que era nuestro deporte favorito. En dirección contraria bajaba un señor mayor que, si mal no recuerdo,  podría tener unos  setenta años o tal vez más, no lo sé. Andaba con dificultad tratando, sin conseguirlo, disimular su muy aparente cojera.  Juan, que ya desde su más tierna infancia  era muy  imaginativo, idealista  y dado a la fantasía, señalándolo  con un leve movimiento de cabeza, me dijo “Mira, ése es un veterano de la guerra de Cuba, mutilado. En Tetuán hay varios”. Me lo decía con  tanto énfasis   y  sintiéndose  tan importante por “conocer” a un mutilado de guerra  que parecía que él también había estado combatiendo en Cuba al lado de ese su héroe.  Yo, entonces, la verdad es que  no le di importancia alguna. ¡Qué  no daría yo hoy por poder entrevistar a esos entrañables veteranos!

Bueno, dejémonos  ya de historias y vayamos con José Martí, el héroe cubano de la Revolución, que no era cubano.  En 1850,  Mariano Martí  Navarro, un suboficial  del ejército español,  sargento de artillería,  natural de Valencia  (España),  es destinado a La Habana, donde conoce a Leonor Pérez Cabrera,  una joven de origen canario  nacida  en Santa Cruz de  Tenerife, con la que contrae matrimonio y en 1853, fruto de esa unión,  nace José Martí Pérez. Como todos sabemos, en aquella época  Cuba era colonia española y, por lo tanto, este hijo de españoles de origen fue inscrito en el Registro  Civil de La Habana como ciudadano español, que era lo que evidentemente  correspondía.
 Porque  si José Martí Pérez era cubano  ¿qué somos nosotros  los nacidos en Marruecos?  No, rotundamente no, José Martí, el héroe  nacional  de la República de Cuba  era tan español como cualquiera de  nosotros.  Podría haberse nacionalizado cubano,  pero  ni siquiera eso pudo ocurrir ya que, lamentablemente, falleció en 1895 y Cuba aún era colonia española.

  Publicaciones cubanas de la época, refiriéndose a él, decían “su obsesión era liberar a su patria”. En mi opinión, lo correcto hubiera sido “su obsesión era liberar a  Cuba”  porque su patria era España y,  aunque él se sintiera cubano,    en sus muchos viajes al extranjero  utilizaba   pasaporte español,  documento que le acreditaba como tal. También se le conoce en Cuba como  “el más universal de los cubanos” y “fue el  cubano que más amó a Cuba”.  Más exacto sería decir   “fue el español que más amó a Cuba”, que eso sí que es  cierto.

Creo que ha quedado meridianamente claro  el objeto de este artículo,  como  reza en su titular,  pero  sería   un despropósito  y   una inaceptable  insolencia por mi parte no hacer, aunque sea fugazmente por razón de espacio,  una breve  referencia a la apasionante historia de este polifacético  e ilustre personaje. Le llamaban Maestro, en el más amplio y alto sentido del vocablo. Y es considerado como  una de las figuras  cumbres  de la América Latina. En 1865, cuando sólo tenía 12 años, ingresó en la Escuela Superior Municipal de varones, de La Habana, cuyo director era   el poeta  Rafael María Mendive,  un criollo  licenciado en derecho, acérrimo independentista, que pronto se percató de la  capacidad y superior inteligencia del niño  y se convirtió en su protector, adoctrinándolo e inculcándole sus ideas separatistas.

Con apenas 16 años, por  el simple  hecho de  escribir una carta a un  colega y amigo de colegio, al que reprochaba su apostasía de la causa cubana,  es condenado  nada menos  que  a trabajos forzados. En octubre de 1870 es indultado y en enero de 1871 fue  deportado  a España,  Su capacidad e inteligencia, unidas a su afán por aprender no tienen límite.  Y en 1874 se licencia en  Derecho  Civil y Canónico en Zaragoza (España) ,  y  unos meses después de ese mismo año, obtiene la licenciatura en   filosofía y letras. En el ínterin aún tenía tiempo para  publicar  numerosos artículos y escribir algunos ensayos  y  novelas, destacando su célebre obra “Ismaelillo”.

Con  la Paz de Zanjón regresa a La Habana en 1878. Sus apariciones en los más diversos lugares con sus audaces discursos no dejaban de sucederse   y en 1879 es nuevamente detenido y otra vez deportado a España, de donde  pasa a París y de ahí, en 1880, a Nueva York para terminar en Méjico, donde entonces residía su familia. Poco antes de su detención había contraído matrimonio  con Carmen de Zayas Bazán, del que nació  su único hijo, José Francisco, que falleció  en 1945, a   los 67 años de edad,  sin dejar descendencia. 
 
En 1890 se establece   en   Nueva York,  donde trabaja como  instructor de español  en la Escuela  Central y continúa con su actividad política y literaria, escribe numerosos artículos  y crónicas políticas   que se publican en la prensa internacional.  Funda la Liga Patriótica y redacta las bases del Partido Revolucionario Cubano, del que es nombrado delegado.   Y desde allí  planifica y organiza la liberación de Cuba.  Recorre varios   países hispano-americanos,  donde ya es muy  conocido y  reconocido,   dando  conferencias  sobre la  revolución  e independencia de “su país”.

 Autor  de un sinfín de magníficas  obras traducidas a  las más  diversas  lenguas. Publica varias novelas, poemas  y  ensayos. Junto a Rubén Darío y otros ilustres poetas y escritores del continente hispano-americano fue el precursor del movimiento modernista. Hablaba inglés y francés. Autor de “Versos Libres” en 1882. Pocos sabrán que la letra de la popular canción “Guantanamera” se obtiene  de uno de sus poemas, “Yo soy un hombre sincero”. 

En 1895 se  embarca en  Haití con una  reducida fuerza miliar y desembarcan en Playitas de Cajobabo.  Aunque Martí,   como  político  nunca  intervino activamente en la guerra,  haciendo caso omiso de las recomendaciones    del general  Máximo Gómez,   interviene en una refriega con las fuerzas reales y cae abatido en Dos Ríos. Su  cadáver fue  llevado a Santiago de Cuba y reposa en el cementerio de Santa Eugenia. En plena madurez intelectual, cuando sólo tenía 42 años, se fue para siempre  este   hombre singular,  insigne pensador, filósofo, poeta,  periodista,  ensayista, novelista y un honrado  político que vivió por y para sus ideales, y en ellos encontró la muerte.

Para finalizar, y en honor a los muertos,  digamos que la  última guerra cubana  contra el Reino de España, conocida como el “Grito de Baire” se inicia el 24 de febrero de 1895.  A finales de 1897,  fuentes oficiales españolas reconocían que, hasta esa fecha, durante el curso de la guerra  habían fallecido 13.000 soldados de fiebre amarilla y 40.000 de otras enfermedades tropicales; y que los muertos en combate ascendieron a 3.000 y los heridos a 9.000.  Otras fuentes oficiales   y otras diversas fuentes facilitan cifras que poco o nada  se parecen a las facilitadas, aunque da la sensación de que todos tratan de reducir la lista de  muertos en combate, engrosando  la de  muertos por problemas de salud.     En cualquier caso sí está claro que la peor guerra fue la que se libró contra las enfermedades. Este es  el  cruel  desastre en vidas, y no hablo de las  otras muchas calamidades  de toda índole  que provocó la guerra de Cuba, que en realidad no fue más que    una guerra civil, pues españoles eran la mayoría de los  contendientes, aunque en el bando de los mambises  había enrolados campesinos  esclavos y libertos que no lo eran.  Finalmente, en 1.898,  Cuba consigue la independencia  gracias  al apoyo militar  de los  EE.UU,  que nos declaran la guerra  y, en  desigual  batalla naval ,  --barcos de hierro contra barcos de madera-- destrozaron   la  anticuada y obsoleta   flota española.

Julio Liberto Corrales








martes, 24 de julio de 2018

Crónica de un viaje a Tetuán con "La Medina"


CRONICA DEL XLII ENCUENTRO DE “LA MEDINA”

A excepción de un grupito de viajeros, que se desplazaron de Madrid a Tánger por vía aérea y de allí en taxi a Tetuán, el resto   -más de un centenar- nos reunimos en la estación marítima  de Algeciras, lugar de inicio  del viaje. ¡Pepe, Manolo, Loli…”, los gritos de alegría  celebrando el reencuentro, vivencias,  recuerdos ya lejanos…  Los efusivos intercambios de besos, abrazos y  saludos   no cesaban en aquel  torbellino de amigos, que reflejaban en sus rostros una  indisimulada  satisfacción, creando un grato  ambiente de concordia.  Era el preludio  de la felicidad  que   no nos abandonaría en ningún momento del viaje. A ello contribuyó la excelente organización de TAN-DEM y  la atención y cuidado que constantemente nos prestaban  Luis de Pablos y su amable equipo de colaboradoras.

Los viajeros que allí nos reunimos éramos de lo más variopinto en cuanto al lugar de residencia habitual, dispersado por toda la geografía española y  ¡hasta de Miami! ¿Se puede amar más a una tierra? Se trataba de la encantadora Lucy Garzón,  que vino  acompañada de su simpática hija Reina luciendo su inalterable y permanente sonrisa. En homenaje a ella me voy a permitir recordar una preciosa poesía que el Dr. Medina le dedicó cuando tenía 15 años de edad y recitaba en una fiesta: “Tetuán te vio nacer / Andalucía fue tu manto / y eres gitana por ser / judía llena de encanto”. Y además me voy a tomar la licencia de proponerle a nuestro Presidente,  aquí mismo, (sin que sea yo quien para ello) que se la nombre Socia de Honor. Se lo merece.

Creo que hay algo importante que  habría que destacar del viaje, y no es precisamente del viaje propiamente dicho  sino de los viajeros, que teniendo en cuenta el numeroso grupo y que la mayoría ya peina –peinamos- canas y algunos ni siquiera eso, sólo  hubo un pequeño problema de salud  con  Maritina   -yo creo  que fue una broma suya porque es muy guasona- y, afortunadamente, quedó  en un simple susto. Yo me hago cruces ¿cómo es posible que entre tantas personas mayores (qué bonito, “personas mayores”, que así parecemos más jóvenes –sí, sí-)  no haya habido ningún problema de salud, ¡increíble!  Y qué podemos decir de nuestras  “chicas”, que  con sus 60, 70 y más años,  --no me atrevo a decir cuántos más-- viéndolas pasear por la “calle del Generalísimo”, parecen rememorar aquellos interminables paseos de sus años mozos, mirando de reojo  a izquierda y derecha  -sin aparente interés alguno, que no consiguen disimular- : Mira, ahí va Jorge ¡qué guapo es… si no fuera tan tonto!... Pues bien, ya sabemos las razones de tal vitalidad. Acabo de leer en una revista médica que, después de  una década de exhaustivas investigaciones,  el Centro de Biología de New York ha descubierto en nuestro ADN el gen ”Made in Tetouan” y, a la vista está, eso es garantía de calidad suprema.

En este viaje, un auténtico “Made in Tetouan, Esteban Alarcón, fue homenajeado por   el  Moghreb Atlético de Tetuán, haciendo el saque de honor en un partido oficial de la 1ª división marroquí,  en cuyo  equipo militó cuando era  sólo Atlético de Tetuán y ascendió  a la 1ª división española en la temporada 1950-51. También destacó  como futbolista en el Real Oviedo cuando militaba en la división de honor.

En cuanto al viaje, tenemos que decir, una vez más,   que fue  un éxito en todos los sentidos. Con la euforia ya comentada  continuaban las vociferantes y  bulliciosas tertulias  y así, casi sin darnos cuenta,  cruzamos el Estrecho. Ya en Ceuta, en un par de cómodos  autobuses, salimos para Tetuán, donde llegamos a muy buena hora de la tarde. En el Hotel Atenas  nos reciben con la cordialidad y simpatía ya habitual,  y con sus constantes atenciones nos hacen más agradable y familiar la estancia.  Los gnauas, con su   bulliciosa y ensordecedora música,  daban colorido a la bienvenida,  aportando más alegría. ¡Que siga la fiesta!  No faltó –no podía faltar- el delicioso té con hierbabuena y los sabrosos dulces marroquíes,  en  abundancia y variedad. Toda una tentación a la que más de un diabético sucumbió.

A la mañana siguiente visitamos  la Escuela de Artes y Oficios, que   en 1928 creó y dirigió Mariano Bertuchi.  Jóvenes, muchos de ellos niños, muestran orgullosos  sus habilidades realizando manualidades y artesanía  tradicionales marroquíes. A la salida, un simpático guía, que nos dijo que le llamáramos Miguel Bosé, nos esperaba para iniciar un recorrido  por las calles y lugares mencionados en “El tiempo entre costuras”. Más de un@ imaginaba a Sira asomada al balcón, recogiendo levemente la cortina y oteando con sigilo la posible aparición  del comisario. Otr@s creían que de un momento a otro aparecería la bella  Rosalinda Fox  arriba de    la Luneta, entrando ya en la “Plaza de España”,  luciendo el modelito que Sira le hiciera  con alguna de las  telas adquiridas en Lisboa, y camino de la Alta Comisaría, donde, seguramente,  su amado Juan –el Alto Comisario- la estaría esperando.¡ Y vaya usted a saber lo que pensaría más de un@! que la imaginación  y la   fantasía  son primas hermanas. Después hubo tiempo libre para pasear y hacer compras, que de ambas cosas nosotros, en Tetuán, disfrutamos de lo lindo.

La sugestiva  visita a la Biblioteca Daoudía, programada para las 16,30,  y que estaba pendiente de confirmación, finalmente no pudo llevarse a cabo porque las obras de restauración aún no habían finalizado. Sabemos que atesora un fondo muy importante de  históricos documentos, y  no sólo de la época del Protectorado sino también de Al Andalus. Seguro que Luis la incluirá en el próximo viaje, en el que ya muchos estarán pensando.

Hubo algo más de tiempo para la a visita a la Medina,  todo un espectáculo,  que   a pesar de lo repetitivo jamás resulta pesado. Un guía, al igual que en todas las visitas, nos acompañaba y explicaba  lo que ya muchos sabíamos por reiteración. ¡Qué interesante resulta una excursión por la  Medina!    - lo que allí, entonces, conocíamos como la “morería”- y a la que nunca, por ignorancia,   dimos la importancia que tenía ni  supimos apreciar todo el  valor  histórico que atesora. Es digno de destacar   cómo se ha respetado desde el siglo XVI la tipología  de los elementos típicos  andalusíes  Existen muchas casas del siglo XVII y XVIII, de las que nadie acertaría a imaginar, desde el exterior, el  espectacular tesoro arquitectónico  que esconde  su interior. Os puedo asegurar que en el próximo viaje D.M.  podremos visitar algunas de estas maravillas.  En  1997, la  Unesco   reconoció  a la Medina como Patrimonio de la Humanidad.

El sábado, día 16, alrededor de las 9 de la mañana, salimos para Tánger.  Recorrido los apenas 60 km. que  separa ambas ciudades norteñas, paramos cerca del Zoco Grande y bajamos camino de la Medina, próxima al Zoco Chico, donde otrora republicanos, monárquicos y franquistas, que en su mayoría eran amigos,  discutían acaloradamente-sin que llegara nunca la sangre al río-  tomando un kahawa en el bullicioso Café Fuentes. Allí mismo, en la calle de Correos, estaba la oficina del Banco de Bilbao, donde yo empecé a trabajar y donde, muchos años después, siendo ya BBVA, y en Madrid, me jubilé. Terminamos la excursión en el Hotel Continental, aquél en el que se hospedaron  Sita  y el canalla de  Ramiro, su  aprovechado novio. En la terraza del hotel,  con una magníficas vistas al mar,  y mientras tomábamos  un refresco, más de uno pensaría en los muchos y  misteriosos personajes  -espías de todo tipo y de muy diversas nacionalidades-  que  pasaron por allí  en los años de  conflicto  bélico,  ; otros,  con  nostaslgia   - presumo-  observarían  melancólicos   el horizonte, donde el mar y el cielo se unen en perfecta simbiosis,  recordando  -y añorando- los  maravillosos años de esplendor de aquel inolvidable Tánger.

Salimos en dirección a las Grutas de Hércules, que  lamentablemente no pudimos visitar porque  estaban siendo objeto de restauración.  Ante este contratiempo, ajeno a la Organización, Luis de Pablos tuvo la feliz idea de sustituir esta frustrada visita con otra a Arcila   y comer allí. La idea fue unánimemente aplaudida. La carretera que desde cabo Espartel  nos lleva  a Asilah  camina junto al mar, al que teme perder y vigila recelosa  viendo cómo se agita cada vez que lo observa. Es el Atlántico, que da la impresión de estar siempre  enfadado. Incluso me atrevería a  decir que recela de sus visitantes y   se resiste a calentar sus aguas  con la malsana  intención de que no lo incomoden  aglomeraciones  de bañistas.

Después de un  agradable  paseo por el precioso pueblo de Arcila y de tomar  las obligadas  fotos para el recuerdo, muchas de ellas  asomados  al Atlántico  desde el viejo torreón, que aún  con sus incompletas  murallas,  sigue  desafiando, con cierta altivez la insistente humillación a  la que el tiempo la somete. No es preciso decir qué es lo que comimos, pues bien sabemos que allí   la exquisitez  y frescura del pescado y el marisco son  una tentación a la que pocos se resisten.

El regreso fue un jolgorio, al menos en el autobús en el que yo viajaba. Se nos despertó ese niño que  todos llevamos dentro y no paramos de cantar canciones tan juveniles  y añosas como la de “Ahora que estamos solos, vamos a contar mentira, tralará…” Canciones y más canciones de todo tipo, cuyas letras íbamos recordando entre tod@s, Yo sé que desafino, pero no era el único y  cuanto más desafinábamos mejor nos lo pasábamos y más nos reíamos.  Parecíamos una   gran familia disfrutando de un fin de semana. Un viaje inolvidable.  La verdad es que lo pasamos chupi.

Regresamos a Tetuán con  ganas de marcha,  locos y locas por acicalarnos  para la Cena de Gala. La  Casa-Palacio Saada, próxima a la Puerta de la Reina, es el magnífico escenario elegido para   su  celebración.  Nos  recibió  jubilosamente   una parranda  de danzarines  marroquíes, dando saltos acrobáticos  sin parar  de tocar sus  chillones platillos. Tal vez el jolgorio de la fiesta nos impedía   apreciar, en su justa medida,    el encanto y  la belleza interior de este palacete. La copiosa comida marroquí abarrotaba las mesas de los comensales, haciendo las delicias de  los más glotones. Amenizaba la cena una orquesta marroquí, que no cesaba de tocar. Un maduro  magrebí, especie de  saltimbanqui, con una bandeja en la cabeza y una vela  encendida sobre ella hacía  increíbles juegos malabares. Tampoco faltó el característico  y sugestivo  baile del vientre. Y para postre,  la reproducción de una  boda tradicional marroquí, que fue recreada por una simpática pareja de jóvenes, familia de Esteban Alarcón.

  El espectáculo y la diversión dominaban el ambiente, rompiendo   el silencio amable  de aquella apacible noche  primaveral  en Tetuán. Y en el ínterin, Marigel Alonso, en ausencia de nuestro presidente, nos dirigió unas palabras y leyó parte de un interesante escrito de Hasna Daoud sobre las familias tetuaníes de origen andalusí.

La jornada del domingo, día 17, comenzó con una  visita al Museo de Arte Moderno, que está ubicado en el singular edificio que fue estación de ferrocarril, obra de  dos destacados  arquitectos,  Carlos Óvilo y Julio Rodríguez, acondicionado como Museo por la Junta de Andalucía.  Nos recibió su director, Sidi  Bouabdid Bouzaid, que con exquisita amabilidad y cortesía nos dio muy amplia   información del Museo y sus obras, entre las que destaca el cuadro Corrida de la pólvora, de Mariano Bertuchi.

 Como todos los domingos se celebró  una misa en la Iglesia de Nuestra Señora de la Victoria, a la que asistió parte del grupo mientras otros paseaban por Tetuán o visitaban el cementerio civil y el militar, donde  tanta historia y tan imborrables recuerdos están presentes.  Sobre las 12 o poco más salimos de la Plaza del Primo en dirección a Río Martín –Martil- y al Rincón –El Medik- donde, igual que en Arcila, el pescado y el marisco son la delicia del más exquisito paladar. Y allí,  en ese idílico marco, después de un agradable paseo por la playa, dimos buena cuenta de aquellos manjares que antes que  por la boca entraban  por los ojos y  dejaron satisfechos hasta al más  exigente e imaginativo  sibarita. Un paseíto para bajar la comida –sin mucho interés por bajarla-  y regreso a Tetuán. Algunos descansaron un rato en el hotel y otros  -la mayoría- (¡qué marcha!)  continuaron con sus ya eternos    e interminables  paseos, y los más glotones –que de todo hay en la viña del Señor-  tomando un aromático té con  ricos halwa marroquíes.

 Como todo tiene principio y fin,  llegó el día del ¡ay, triste de mí…!  El lunes, día 18 de mayo,  salimos tempranito para que  en Algeciras muchos tuvieran tiempo de coger el Altaria, que a las 15 h. salía para Madrid, y que otros pudieran  coger los  autobuses que alrededor de esa hora  salían para Málaga,  Sevilla,  etc. Todos a casita sin  novedad,  el hanmdulil-lah.

Julio Liberto Corrales









Homenaje a un amigo inolvidable


HOMENAJE A JUAN GARCIA JIMENEZ

El 28 del pasado mes de marzo  fallecía en Madrid el ingenioso colaborador de “La Medina”, Juan García Jiménez.  Éramos amigos desde la infancia,  formábamos un grupo de compañeros  de la escuela y del barrio,  bastante traviesos; bueno…  algo más que traviesos. Juan era una excepción. Rehuía el peligro y no porque fuera  pusilánime, que no lo era, sino por condición. Le llamábamos “Juanito el Largo”,  por su estatura – era el más alto de todos-  de muy buena presencia,  de temperamento tranquilo,  instinto de artista,  elegante –siempre bien vestido- con  buenos modales y  actitud parsimoniosa;  todo ello le confería un  cierto aire de  distinción.

A Juan, rondando los 14 años,  empiezan sus neuronas artísticas  a alborotarse y hace unos pinitos en el Teatro; el escenario para él era  como una prolongación de una calle  cualquiera de Tetuán. Era de por sí muy natural y pudo ser  un  gran actor.   Por esas mismas  fechas  se le ocurrió formar un grupo musical,  al que  llamó “Trío Juvenil”: Juan Miravalles (guitarra), Manolo Vega (bandurria) y Juan García (armónica). Durante un par de años estuvieron actuando en varios escenarios de Tetuán y Tánger, donde  obtuvieron   el reconocimiento del público --yo entre ellos--  y no pocos premios.

Era un  buen narrador, yo lo clasificaría como   un narrador de cuentos. Así escribía él; leyendo sus artículos daba la sensación de  que te estaba contando una historieta, que en muchos casos se inventaba.  Su imaginación no tenía límites. Su escritura era como él, amable e ingeniosa. Nunca había ni  el más mínimo signo de violencia en sus escritos
.
Nos deja un buen legado de pinturas en miniatura, que  realizaba en los tikets  ya utilizados del Metro. Puedo asegurar  que son verdaderas obras  de Arte, un Arte muy particular y completamente creativo y genuino.

Juan, dime la verdad,  ¿cuántas historietas –ciertas o inventadas- has contado  ya a  tus contertulios de ahí arriba, eh,  que te conozco?

Descansa en paz  mi buen amigo del alma.


Julio  Liberto Corrales